El Betis vuelve a creer. Rubén Castro es dogma de fe y la salvación, con
el delantero canario en forma, es posible. Dos goles suyos firmaron la
victoria verdiblanca, tres meses y quince jornadas después, y
devolvieron la sonrisa al Benito Villamarín. El Espanyol se rindió al
olfato de la figura verdiblanca, que parece haber despertado de su
letargo.
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